INNOVADOR DE LA TV

Falleció Raúl Portal, a los 81 años

El emblemático conductor venía con muchas dolencias, agravadas desde el año pasado por las secuelas de varios accidentes cerebro-vasculares, incluso en el último tiempo había estado internado a raíz de una neumonía bilateral.
miércoles, 14 de octubre de 2020 · 18:53

 Murió Raúl Portal, a los 81 años, según pudo confirmar. El emblemático conductor venía con muchas dolencias, agravadas desde el año pasado por las secuelas de varios accidentes cerebro-vasculares, incluso en el último tiempo había estado internado a raíz de una neumonía bilateral.

Para algunos, Raúl Portal quedará en la historia como un bromista impenitente, un amable encantador de serpientes que con una incansable verborragia y la ingenua desfachatez de los payasos hacía todo lo posible por levantarle el ánimo a la gente desde la pantalla del televisor. Para otros, en cambio, Portal debería ser recordado como un hombre audaz que alentó en la tele un cambio de mentalidad necesario. Un innovador genuino que logró más de una vez romper moldes y rutinas de larga data e impulsar cambios que sus seguidores e imitadores nunca le reconocieron.

En las dos posturas hay algo de razón. Y cualquier mirada retrospectiva que haga justicia con la trayectoria debería incluir parte de ellas. Murió alejado de las luces de las cámaras, pero llegó a ser una de las figuras más influyentes de la televisión en un tramo que arrancó a fines de los años 80 y se extendió por toda la década siguiente.

Hasta su llegada, nadie había imaginado que la trasnoche podía ser un espacio de enorme potencial televisivo. Y más tarde fue el creador sin patente de la idea de la TV reciclada. La inmensa lista de programas que vivieron desde allí de los archivos visuales y de la observación satírica de lo que hace la propia TV deberían distinguirlo como su gran mentor y pionero. Notidormi y Perdona nuestros pecados (PNP), las grandes invenciones televisivas de Portal, abrieron una huella que pocos están hoy dispuestos a aceptar.

Si esto ocurre es porque el propio Portal hizo mucho para relativizar los méritos indiscutibles de su propia obra, relegada frente a un impulso que lo llevaba todo el tiempo a revisar su historia personal y hablar de ella. Siempre decía que su personalidad era el fruto de una suma de contradicciones de las que se sentía orgulloso. Cada aparición suya era un nuevo capítulo del interminable examen de conciencia con el que intentaba redimirse de culpas pasadas. Lejos de atormentarse, suavizaba esa introspección llenándola de observaciones risueñas. Pero algunas de sus contradicciones llegaban a ser insostenibles.

Se había forjado fama de "cavernícola" desde que se supo, cuando ya era un nombre famoso en la TV, que había trabajado en el Ministerio del Interior en tiempos del general Juan Carlos Onganía. En verdad, se desempeñó en el área de Prensa de esa cartera entre 1968 y 1978, etapa atravesada por gobiernos democráticos y de facto. "No tengo arrepentimientos ideológicos porque la ideología es de buena fe. Uno tiene una ideología porque cree en eso. Aún los extremismos suponen una mística, un idealismo y una utopía. A los guerrilleros que dieron su vida no se los puede censurar. Y cuando dicen que adherí al proceso militar de alguna manera tienen razón porque yo no hice nada para defender a Isabel Perón. Es más, me alegré cuando la echaron. Soy uno de los millones y millones de argentinos que nos alegramos", le dijo a LA NACION en 1997.

En la tele, Portal inventó un modo risueño y original de aprovechamiento de los archivos televisivos, basado en la unión rápida y certera de segmentos breves a través de un trabajo de edición muy creativo y luego imitado hasta el cansancio. Así pedía la indulgencia del público por los "pecados" de la pantalla. Fuera de ella, mucho más serio, empleaba su verborragia sin fin para pedir perdón una y otra vez por sus propios pecados políticos. "Fui insensible, nací tomando mamaderas de odio en el antiperonismo gorila rabioso... Yo soy radical. Y he aquí otro de mis pecados... habiendo militado 17 años en el radicalismo asistí de forma absolutamente indiferente, como todos, al derrocamiento de Illia", señaló en el mismo reportaje.

Siempre decía que su personaje televisivo era el remedio al que recurría para burlarse ferozmente de sí mismo. Y completaba esa suerte de exorcismo jactándose de su amistad simultánea con figuras ubicadas en extremos ideológicos opuestos como el ya fallecido Mohamed Alí Seineldín, líder de las revueltas carapintadas, y el dirigente del Partido Obrero Jorge Altamira. Sin ponerse colorado, Portal podía elogiar a un militar furiosamente anticomunista ("Seineldín es malvinero como yo. Ama a su bandera como yo") y decir al mismo tiempo que la Cuba revolucionaria tenía un buen gobierno y que "la gente lo quiere mucho a Fidel Castro".

Esta última mención se conecta con otro rasgo típico de Portal, su apego hacia Cuba. Tan grande, que acopió durante medio siglo una colección de instrumentos afroamericanos y aprendió a tocar con bastante destreza el bongó. Esa inclinación fue el origen de una de sus últimas creaciones televisivas, Son de todos, un programa dedicado a exaltar el acervo cultural de la isla, su música y sus costumbres

 

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