Lunes 15 de Octubre, 10:30 hs
ECONOMÍA EN CAÍDA

Los alimentos aumentaron hasta un 88% en el primer semestre

La industria alimentaria perdió 2300 puestos de trabajo en los últimos dos años por causa de la apertura de las importaciones y la caída del mercado interno. Sobre la cuestión dialogó con La Voz Digital, el Licenciado Santiago Fraschina.

 

En contacto con La Voz Digital, el Licenciado Santiago Fraschina, Director de la carrera de Economía de la Universidad Nacional de Avellaneda (UNDAV) e integrante del colectivo EPPA (Economía Política para la Argentina) explicó la última infografía elaborada por el observatorio de políticas públicas de la UNDAV  respecto a la suba de los alimentos, las importaciones y las pérdidas en puestos laborales en el sector.

 

Los precios de los alimentos subieron hasta casi un 88% durante el primer semestre, cuando la inflación fue del 16% en ese período, de acuerdo a un informe de la Universidad Nacional de Avellaneda.

 

La harina de trigo lidera el ranking, seguida por los huevos (50,2%), los fideos secos (39,9%), el pan francés (35,9%), el arroz blanco (34,2%) y el aceite de girasol (26,2%).

Los rubros que más aumentaron en este período fueron: Pescados y mariscos (25,8%), Pan y cereales (22,3%), Bebidas espirituosas, destiladas y licores (21,5%), Aceites y grasas (21,0%) y Carnes y derivados (16,3%).

 

 

Por caídas en la producción, ventas y consumo, se destruyeron más de 2.300 puestos de trabajo en los últimos dos años en la industria alimenticia.

 

“La magnitud está por verse: dependerá́ en gran medida de cuánto esté dispuesto a ceder el Poder Ejecutivo en bajar inflación por medio del enfriamiento de la economía”, pronostica Fraschina.

 

En 2018 hay menos puestos de trabajo que se suman a la baja en el poder adquisitivo de salarios e ingresos, donde muchos sectores de actividad perderán hasta 10 puntos de poder de compra, dependiendo de la negociación paritaria.

 

“La caída en la producción agroindustrial es resultado de las medidas que viene llevando a cabo el gobierno de Cambiemos, que combinan la reducción del poder adquisitivo de la población con la apertura indiscriminada al exterior”,  detalló el economista.

 

 

El informe muestra el detalle de cómo ciertos sectores, como el caso de la industria alimentaria, vieron reducidas sus ventas internas por la caída del consumo, al mismo tiempo que debieron empezar a competir contra productos importados que en años anteriores no ingresaban a nuestra economía.

 

En números, el estimador industrial del Indec registra una caída en más de la mitad de rubros alimenticios en el primer semestre de 2018, lo que determinó una caída media de 1,5% en la producción de alimentos y bebidas, para tal período de análisis.

 

En este sentido, el informe contrasta como mientras las ventas internas cayeron un -13,7% y la producción industrial un 1,5%, las importaciones se incrementaron en un 59,9%.

 

“Esto enciende señales de alarma no sólo coyunturales, sino en términos de las posibles secuelas sobre el desarrollo económico de nuestro país en un sentido amplio. El magro desempeño industrial está dado por la abrupta disminución en la capacidad instalada fabril, que en los primeros cinco meses del año se redujo en cuatro puntos porcentuales respecto a 2015 y en catorce desde su máximo histórico de hace una década”, apunta.

 

 

 

En este marco, la caída en la producción está influida por la contracción del mercado local en un contexto de retroceso de salarios reales y la devaluación cercana al 50% explica buena parte de este fenómeno.

 

El mencionado efecto de consumo a la baja resulta paradójico en los casos de algunos bienes de difícil sustitución por lo que, medido en términos reales, el consumo de lácteos se redujo en 22,9%, frutas y verduras en 15,9%, carnes en 14,6% y panificados en 13,1%.

 

Al respecto,  el economista manifestó: “Desde el Poder Ejecutivo suponían que la eliminación o reducción de las retenciones a las exportaciones de granos y soja se traducirían en más materias primas para transformar en el país. Sin embargo, pasados dos años y medio de gobierno, los resultados de la industria alimenticia contradicen los supuestos del gobierno. La industria en general está atravesando una grave crisis y los productores de alimentos no se encuentran ajenos a esa realidad”.

 

“En este contexto, parece razonable concluir que el camino elegido por el gobierno para convertirse en el ‘supermercado del mundo’ no es el correcto. La caída en la producción, los aumentos de precios de los alimentos y la retracción del consumo son muestras claras del fracaso de las medidas aplicadas, que sólo benefician a un pequeño grupo de propietarios en detrimento de la industria nacional y calidad de vida de la población”, finaliza Fraschina.

 

 

 

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