Sábado 23 de Febrero, 01:26 hs
OPINIÓN DEL LECTOR: POR RONALD SANABRIA

“Ningún pibe nace chorro” ¿hipocresía, oportunismo o demagogia?

Mientras desde el gobierno nacional impulsan la reforma del régimen penal juvenil, y ya se prepara una comisión que será la encargada de confeccionar un anteproyecto para que sea tratado en el congreso, esta iniciativa reavivó el debate sobre la imputabilidad de menores.

 

Organizaciones políticas y de DD.HH. salieron a cruzar al Ministro Germán Garavano, sosteniendo que bajar la edad de punibilidad no es una solución para mejorar la seguridad de todos.

Entonces son muchas las incógnitas que surgen de este debate, y la pregunta es: ¿Aporta al bienestar de la sociedad meter preso a los menores? Y nuevamente se dividen las aguas de una sociedad que desde ya venía segmentada, mientras algunos piden mano dura y aniquilación de los delincuentes, metiéndose de lleno en la doctrina “bolsonarista” que no es más que una maquillada apología al delito. Y por otro lado se encuentran los que observan que la delincuencia y la pobreza son dos flagelos que van de la mano, e  interpelan al gobierno para que implemente políticas de gobierno para bajar la pobreza antes de comenzar a criminalizar a la juventud.

Claramente es necesaria una discusión muy seria, ya que el aumento de los delitos le genera tremendos costos a la sociedad, desde la pérdida de bienes, pasando por  las vidas que se pierden, que son irreparables. Pero hay algo que también es bueno decirlo, y es que el crecimiento del delito también ahonda las diferencias sociales y colabora en la reproducción de la pobreza.

La desigualdad en la Argentina es cada vez mayor; grandes sectores de la sociedad tienen serias dificultades para contar y acceder a la seguridad, justicia, educación y salud, pero de todas maneras no se justifica, porque la inseguridad no distingue clases sociales.

Entretanto, la sociedad expresa más enérgicamente su repudio hacia los diferentes gobiernos que fueron pasando y que ninguno fue capaz de resolver el problema de la inseguridad. La cúspide de esta cadena interminable de delitos y gobiernos ineficientes llevó a la sociedad a adoptar la justicia por mano propia, como herramienta de salvación propia y ajena, y en muchos casos extremos, como asesinatos, violaciones, la población pide que la condena sea la pena de muerte.

Es evidente que este tema cala hondo en todos nosotros, que siendo meros observadores del fogoneo mediático cotidiano, no encontramos respuestas ni mucho menos soluciones a este problema.

Es palpable que la ideología política también se relaciona ampliamente con esta problemática, y desde allí parten las “supuestas” soluciones. Desde los sectores denominados de “derecha” exigen al gobierno nacional que les otorguen más poder a las fuerzas de seguridad y que endurezca las penas, para paliar de alguna forma este flagelo. Por otro lado tenemos a los “progresistas” que alegan que el gobierno no tiene la necesidad de ser represor en tiempos democráticos, ya que viola los estándares internacionales, sosteniendo además que no se deben festejar los casos de gatillo fácil.

No solo se pueden justificar a la delincuencia y criminalizar a las fuerzas de seguridad, así como tampoco el Estado debe demonizar a los jóvenes por su condición social, sino que debe razonar y trabajar sobre la inclusión y la igualdad de oportunidades para todos, liberándose de los prejuicios y admitiendo el aumento de la delincuencia, teniendo en cuenta que un tratamiento exprés de un tema tan sensible no es la solución. Se debería trabajar sobre las reformas institucionales, generar equidad e inclusión, y no proponer soluciones mágicas que son solamente para la tribuna. Pero mientras esto no suceda continuaremos acercándole el oído a los discursos políticos con respecto a esto que, por demás está decirlo, pero están flojos de fundamentos, son oportunistas, parciales y demagógicos.

 

 

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