Sociedad

Covid o dengue: cómo identificar a dos enfermedades con síntomas similares

"El jueves previo a Navidad me picó un mosquito en la pileta de casa, en Palermo. Lo recuerdo porque me llamó la atención: era negro y blanco, como dicen que es el mosquito que transmite el dengue. Lo maté y un poco en chiste, le estaba por sacar una foto para subir a Instagram. Me olvidé por unos días y el domingo empecé a sentirme mal".
miércoles, 12 de enero de 2022 · 07:56

Guillermo Félix, un guionista y director de cine de 32 años, empieza así su relato por mensaje privado de Twitter. Es el mediodía del miércoles 5 de enero de 2021 y prefiere escribir a hablar por teléfono: todavía le duele la garganta.
Sus últimas semanas fueron incómodas e incluyeron consultas con médicos por videollamada, una visita a la guardia, un hisopado y pasar la fiesta de fin de año aislado. El malestar empezó en la espalda: "Me dolía muchísimo, como si estuviera arqueándose sola. Después, la cabeza y después, los ojos. Sentía como si se hubiesen hinchado y cuando me movía era como si flotaran en mi cabeza".
En medio de una ola de contagios en la Ciudad de Buenos Aires y en todo el país, Guillermo primero pensó en Covid y se aisló. Pero días más tarde recordó al mosquito y llamó al servicio médico de su prepaga. La indicación fue ir de inmediato a una guardia.

"En la guardia me dijeron que todo coincidía con un cuadro de dengue y me sacaron sangre. Esa noche me mandaron a casa y me dijeron ’cuidate, fijate que no empeoren los síntomas y listo’".

Guillermo seguía con dudas y volvió a contactar por videollamada a otro médico que le confirmó que lo que tenía era una infección pero también le aclaró que, con ese informe de laboratorio, no podía determinar cuál. Podía ser Covid, un resfrío, dengue, una infección en una muela o en cualquier otra parte del cuerpo.

Los días pasaban y al dolor corporal se sumaban agotamiento, tos y dolor de garganta, por lo que se fue a hisopar. El test de antígenos le dio negativo. "Nadie me explicó acerca del tiempo (ya hace diez días que estoy sintiéndome mal) ni tampoco me confirmó que efectivamente tenga dengue, y ni siquiera sabría cómo confirmarlo -escribe-. Así que acá estoy, esperando a que se me pasen los síntomas. Ahora sin dolor, pero con mucha molestia en la garganta, tos y cansancio extremo".

"Por más que tenga la foto del momento exacto en el que el Aedes aegypti lo pica, es Covid mientras no se demuestre lo contrario", dice por teléfono Tomás Orduna, médico infectólogo, jefe de Medicina Tropical y Medicina del Viajero del Hospital Muñiz, sobre el cuadro de Guillermo. "La indicación para alguien que presenta ese cuadro -sigue- es hacer un test de PCR para confirmar o descartar Covid".

En tiempos de dengue y coronavirus, la coinfección por estos dos virus -ser picado por un mosquito con dengue y al mismo tiempo contagiarse de Covid en algún encuentro familiar, en el trabajo o en cualquier otro espacio- es posible, aunque por el momento poco probable.

Desde la mitad del año pasado hasta hoy, en la Ciudad de Buenos Aires no hay registro de transmisión autóctona de dengue. Esto significa que en los boletines epidemiológicos no se contabilizaron infecciones que se hubieran contraído en la Ciudad, sino casos importados, de personas que fueron picadas por un mosquito portador de dengue en otra provincia o fuera del país.

En marzo y abril de 2020, la Ciudad atravesaba un brote de dengue, y en esa época sí había transmisión local: en el balcón o en el jardín, dentro de la casa y en la calle, cualquiera podía contraer la enfermedad transmitida por el mosquito. En simultáneo, la pandemia de coronavirus llegaba al país.

A las personas con síntomas compatibles con Covid se las internaba en forma preventiva hasta tener el resultado del hisopado y en muchos casos también se los testeaba por dengue. Implementar ese método de detección hoy no tiene sentido para Orduna.
 

"Si un paciente tiene febrícula o fiebre, dolor de cabeza, decaimiento, dolor muscular, podría ser Covid o podría ser dengue. Así que primero se trata de determinar qué es", dice Orduna.

 

"Al paciente se le hace una serie de preguntas, se lo revisa y se le realiza una prueba de Covid. Incluso si el resultado es positivo, no debemos olvidar que estamos en una época de transmisión potencial de dengue y es necesario darle al paciente pautas de alarma para que, en el caso de que aparezcan, vuelva enseguida al hospital".


Las pautas de alarma son vómitos, hemorragia, dolor abdominal intenso, o sentirse hiper excitado y después deprimido o bajo estados de confusión. "Estos síntomas pueden verse en algunos casos de Covid pero están más asociados con dengue, también pueden indicar una coinfección (dengue y Covid en simultáneo), y requieren consulta inmediata", agrega Orduna.

"Con las variantes anteriores de Covid veíamos un compromiso respiratorio más evidente y eso permitía excluir un poco la posibilidad de dengue. Pero ahora, con la variante Ómicron, tenemos mucho síntoma ’ni’. La persona puede tener fiebre, puede tener un leve catarro en nariz, boca, garganta y laringe", describe Susana Lloveras, médica infectóloga, jefa de la sección de Zoopatología Médica del Hospital Muñiz.

Ella y Orduna hacen el seguimiento de los pacientes que entran por guardia al hospital con cuadros febriles agudos, provocados por virus transmitidos por moscas, mosquitos y garrapatas, entre otras enfermedades infecciosas.

"En este momento tenemos que estar especialmente atentos y cuando un paciente nos llame la atención por alguna característica, quizás algo visto en los exámenes de laboratorio, buscar dengue", dice Lloveras. Como con el Covid, la búsqueda del virus dependerá del estadio de infección del paciente: el dengue se puede rastrear con un test PCR, con una prueba serológica de antígeno NS1 y, si la muestra es tardía, a través de anticuerpos.

En la Argentina, la época de mayor transmisión potencial de dengue empieza en noviembre y termina en mayo. En esos seis meses ocurren los brotes. Para que un brote surja deben combinarse tres factores: la presencia del vector del virus, que es el mosquito Aedes aegypti; la oferta de virus, que la proporcionan las personas infectadas con el virus del dengue en sangre; y las condiciones climáticas, que durante la primavera, el verano y el otoño le dan al mosquito una sobrevida suficiente para que el ciclo viral pueda desarrollarse y ser transmitido a las personas. En invierno, en cambio, las temperaturas bajas, pueden matarlos antes.

En el país hay 242 especies de mosquitos. En la Ciudad de Buenos Aires, sumando toda la zona ribereña de las costaneras norte y sur, más de 30. Y en los barrios porteños, dos: Culex pipiens, la especie que vuela alrededor de la cabeza, zumbando en el oído y pica de noche; y Aedes aegypti.

"En la Ciudad, todos los años aumenta la población de Aedes aegypti", dice Nicolás Schweigmann, director del Grupo de Estudio de Mosquitos del Departamento de Ecología, Genética y Evolución de la Facultad de Ciencias Exactas de la UBA. El grupo monitorea cada semana, de manera sistemática, la presencia de Aedes aegypti en 218 puntos de la Ciudad a través de un convenio con el Gobierno porteño.

El aumento de la población de mosquito es preocupante pero, aclara Schweigmann, no implica que haya dengue. "Porque para que aparezca, el virus se importa -dice-. Lo trae alguna persona que viajó a una zona donde circula el dengue, fue picada por un mosquito infectado y vuelve con el virus en la sangre".

La cadena es así: la persona que regresa a su casa infecta a los Aedes que la pican y esos mosquitos empiezan a infectar a otras personas que viven en la misma casa o a vecinos. "El problema está dentro de la manzana. El Aedes aegypti se mueve en un radio de 50 metros", especifica el especialista.

Para Schweigmann, la forma más eficiente de controlar al mosquito, y por ende no propagar la enfermedad, es aprender a ser "observador ambiental". "Así como las personas aprendieron a levantar la caca de perro de la vereda, pueden empezar a adquirir la conciencia de revisar los espacios en los que se acumula agua, para evitar que se conviertan en un criadero de mosquitos".

Nadie limpiará el patio, el balcón o la terraza ajena. Es quien vive ahí quien debe encargarse de no generar un foco potencial de dengue, pero Schweigmann también promueve el contacto entre los vecinos: "Los vecinos de una manzana comparten mosquitos. Si no hablan, si no se concientizan entre todos, el problema no va a terminar". 

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